Mariposas, hojas, flores, corazones, efigies, cabezas de caballo… Éstas son algunas de las formas que adoptan los bombones de Petit Plaisir, cadena catalana de venta de chocolate de estilo belga con cinco tiendas en Barcelona y Madrid.
Detrás de la firma se encuentran Ignacio Guasch y su madre, Margarita Coll, que inauguró el primer establecimiento hace veinte años en la zona alta de Barcelona.
En su momento, la apertura del primer Petit Plaisir supuso crear un concepto de local que no existía en España, donde la venta de bombones de alta gama se centraba en las pastelerías. “Mi madre quiso abrir una tienda de bombones exclusivos con una fuerte apuesta por el diseño, tanto del punto de venta como de las cajitas, de color blanco y negro”, recuerda Guasch.
Para poner en marcha el negocio, Petit Plaisir fichó a un maestro chocolatero belga afincado en la costa gerundense. El artesano elabora los bombones de la cadena en un obrador situado cerca de Figueres (Alt Empordà), aunque ahora la marca posee también un segundo centro de producción en Barcelona para otras especialidades.
La crisis inmobiliaria y el descenso de los alquileres ha propiciado que Petit Plaisir haya reforzado su presencia en Madrid con la apertura, el pasado mes de diciembre, de una tienda en la calle Claudio Coello, cerca de Ortega y Gasset. Con esta apertura, la firma suma tres puntos de venta en la capital española, que se unen a los dos establecimientos de Barcelona, situados en las calles Mandri y Ganduxer.
Petit Plaisir quiere abrir uno o dos locales propios más en cada una de las dos ciudades “para consolidar la marca”, aunque su proyecto principal se centra en el crecimiento mediante franquicias. “Creemos que esta fórmula es la más adecuada para salir de Barcelona y Madrid”, afirma Guasch, que se ha propuesto alcanzar las catorce tiendas en 2015 entre propias y franquiciadas.
Nuevas ciudades
Según el empresario, la zona norte de España será el área prioritaria de expansión, por lo que Petit Plaisir ya está en contacto con varios interesados en ciudades como Valladolid y Bilbao. “Confiamos en cerrar el primer contrato de franquicia este año”, asegura Guasch, que, reconoce, sin embargo, que no es fácil por el contexto de crisis y la reestricción crediticia de los bancos.
Chocolat Adiction, la sociedad propietaria de Petit Plaisir, facturó alrededor de 700.000 euros en 2009. “Antes de la recesión habíamos superado el millón de euros, pero nos hemos visto muy afectados por el descenso de los regalos de Navidad”, argumenta. Según Guasch, los regalos de empresa eran una de las principales fuentes de ingresos, algo que ahora se ha cortado totalmente.
Más estable es el negocio de bombones y pequeños regalos para bodas, bautizos y comuniones, una línea de negocio que aporta el 20% de la facturación anual. En este segmento de negocio la empresa canaliza buena parte de los pedidos a través de su página web, que realiza envíos a toda España.
Guasch es optimista y confía en poder elevar la facturación un 10% este año. Para acelerar el crecimiento, Petit Plaisir busca nuevas vías de negocio y asociaciones con otras marcas que le permitan diferenciarse de sus competidores, entre los que figuran las cadenas Chocolat Factory, Xocoa y Cacao Sampaka y las tiendas de los chocolateros Enric Rovira y Oriol Balaguer.
En este sentido, Petit Plaisir acaba de lanzar Petite Seduction, un servicio de comidas a domicilio. Se trata de poder ofrecer en casa de los clientes, o en empresas, cócteles o comidas frías, explica Guasch, que aclara que no es un catering convencional de platos cocinados. “Ofrecemos aperitivos, bufés de quesos, embutidos y foie y una amplia oferta de postres”, comenta.
Helados
La empresa también entrará este verano en la venta de helados de estilo artesanal y ahora, para la campaña de Pascua, comercializa una mona especial inspirada en el mono Julius, del diseñador Paul Frank. La mona se vende dentro de una caja que contiene también una camiseta de la firma americana.
En Navidad, la asociación fue con Paco & Lola, una bodega de Rías Baixas , con quien comercializó un albariño acompañado de dos cajas de bombones. Antes de la crisis, el ticket medio de la cadena superaba los 30 euros, cifra que ahora ha bajado a 24 euros.
Fuente: Expansión